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Archive for the ‘Palabras contra el dolor abierto’ Category

” un exiliado de la Torre de Esteban Hambrán, Avelino Escudero Peinado, murió con la resistencia en la Alta Saboya en el Plateau des Gliéres y es héroe de Francia, estando enterrado en el cementerio de la Morette que es el símbolo de la resistencia en Francia. Su familia no supo nada de él hasta que alguien de su familia leyó el poema de José Angel Valente que hace homenaje a los españoles que allí murieron. Te envío el poema de Valente en el que los refiere a todos.” (Curro Morilla)

CEMENTERIO DE MORETTE-GLIÈRES, 1944

No reivindicaron
más privilegio que el de morir
para que el aire fuese
más libre en las alturas
y los hombres más libres.

Ahora yacen,
con su nombre o anónimos,
al pie de Glières y ante la roca pura
que presenció su sacrificio.

Hombres
de España entre los muertos
de la Alta Saboya:
ellos lucharon por su luz visible,
su solar o sus hijos, más vosotros
sólo por la esperanza.

La nieve aún dura prodigiosamente
viva en el aire mismo
donde morir fue un puro
acto de fe o de supervivencia.

¿Quién podría decir que murieron en vano?
Al cielo roto y a la tierra vacía,
a los pueblos de España,
a Hervás, a Mula, a todas
las islas Baleares,
a Mendavia, Viñuelas,
Ambrán, La Almunia,
Terrecampo, Tembleque,
devuelvo el nombre de sus hijos:

Félix
Belloso Colmenar, Patricio
Roda, Gabriel Reynes o Gaby, Victoriano
Ursúa, Pablo Hernández,
Avelino Escudero,
Paulino Fontava, Florián Andújar,
Manuel Corps Moraleda.

Otros duermen tal vez
bajo una cruz desnuda, lejos
de su país, de su memoria, donde
todos los muertos son
un solo cuerpo ardiente:
carne nuestra, palabra,
historia nuestra que no conocimos,
sangre sonora de la libertad.

J. A. Valente

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De Consuelo Ruiz.

 

Quisiera escribir un himno

a un pobre racimo humano:

las mujeres de los rojos

que en España nos quedamos,

para las que no hubo escape,

Para las que no hubo barco.

Las que nos quedamos solas

con sus niños en los brazos.

Sin más sostén ni más fuerza

que el que daba el estrecharlos

como prendas de un amor

contra nuestros pechos flácidos.

 

Todos perdimos la guerra,

todos fuimos humillados.

Pero para las mujeres

el trance fue aún más amargo.

Largas colas en Porlier

con nuestros pobres capachos.

Caminatas bajo el sol

con los pies semidescalzos.

Caminatas sobre el hielo

tiritando en los harapos.

Largas, duras caminatas

en busca de algún trabajo.

Cansancio y humillación

si lograbas encontrarlo.

Y si no lo conseguías,

humillación y cansancio.

por el pan de nuestros hijos,

siempre un combate diario.

¡Esos días siempre solas,

esos días largos, largos,

que fueron semanas, meses,

que duraron tanto, tanto,

que entre dolor y entre lágrimas,

se convirtieron en años!.

 

Nuestros hombres en la cárcel,

nuestros hombres exiliados,

nuestros hombres cada día

cayendo como rebaños

en manos de furia ciega

de matarifes fanáticos.

Y las mujeres seguimos,

a nuestro modo luchando

y esa guerra, sólo nuestra

Esa guerra la ganamos.

 

Los hijos de nuestros hombres

Quedaron en nuestras manos

Y supimos inculcarles

un culto casi sagrado

Por los nuestros, los ausentes,

los padres que les faltaron.

Se los pusimos de ejemplo

porque siguieran sus pasos

y logramos convencerles

de que eran buenos y honrados,

aunque en la calle, en la escuela,

les dijeron lo contrario.

Éramos pobres mujeres

y supimos elevarnos

sobre el dolor, sobre el miedo,

sobre el hambre y el fracaso.

Y criamos nuestros hijos

dignos de sus padres, bravos,

serios, dignos, responsables.

Los íbamos cultivando

pilares para un futuro

que aún parecía lejano

y en el que siempre creímos

con los puños apretados.

 

Quisiera escribir un himno,

grande, estupendo, fantástico,

de pobres mujeres débiles

con heroísmos callados,

de esfuerzos y sufrimientos

que eran el vivir diario

Y, a pesar de ello supieron,

con un esfuerzo titánico

ir manteniendo la llama

de amor al padre lejano,

al padre que estaba preso

o alque habían fusilado.

Yo quisiera a voz en grito

poder entonar un cántico

Que dijera todo eso,

que bastante hemos callado.

Las mujeres de los rojos

que en España nos quedamos

creemos tener, al menos,

el derecho de contarlo.

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Del poemario Mi guerra civil, de Jean Ortiz

 

Sonaban clarines y tambores ;

montera en mano

los <<paseados>> iban por delante

de las patibularias cuadrillas

 

Los sacaban, decían, a pasear,

sin capote de paseo,

sin solemnidad.

 

Entraban en un ruedo infinito

reses de las ganaderías carcelarias

y de los campos plebeyos.

 

Los matadores de la <<Santa Cruzada>>

descabellaban, voraces, carne republicana.

Salían de lóbregos corrales

nutridas <<sacas>> obreras.

 

Matorrales y baldíos ofrendaban

sacrificaderos anónimos,

para borrar de la historia

a aquellos seres bravos.

 

En fosas de mala conciencia

yacen aún muchos miles.

En silencio.

Premeditadamente silenciados.

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Juanin y Bedoya 

Del poemario Mi guerra civil, de Jean Ortiz.

Guerrillero: española y universal palabra.

Desde las cumbres de los Picos de Europa.

en acecho hacia el océano

esperabas espejismos.

 

Por el mar no desembarcó nunca nadie.

 

Quince años emboscado.

presunto <<bandolero>>,

alimaña rastreada

por el monte insurgente,

perseverando hasta muy solo,

cuando el buho se cansó de cantar.

 

Dicen que tuviste amores

en las cuevas de Tresviso,

amores para morir a la vera de un molino,

una noche lluviosa de abril 57.

 

Era día de mercado en Potes;

con miedo entrañable

vieron los del pueblo

como soberbio te irguieron

contra la centenaria pared.

 

En el cementerio una tumba reza: <<Juanín>>

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foto_gr_no_pasaran

Del poemario Mi guerra civil, de Jean Ortiz.

 

<<Si me quieres escribir, ya sabes mi paradero:

Tercera Brigada Mixta>> con José María Galán.

Fue mi primera canción de cuna.

¡Que romanticas parecen las guerras justas!

la primera vez que vi el mar fue en Argeles,

Enrique me dibujó alambradas de arena.

En las noches pobres de peón de albañil,

me contaba batallas épicas de nombres bonitos:

Brunete, Belchite, Teruel,

Las Rozas, Puente de los Franceses, cuerpo a cuerpo

Un día, bajaban enloquecidos los tanques italianos

desde el corazón del huracán en Cuatro Vientos.

Querían tragarse Pozuelo de Alarcón

y entrar en Madrid.

El primo de Albacete, Martínez Ravadán,

mandaba el batallón de carabineros.

 

Los tanques fascistas iban rompiendo defensas en el camino.

Un joven atrevido se arrodilló y recibió al primero

por larga afarolada, con una bomba de piña.

Oruga, volcó aquel monstruo oruga 

tan poco español, en Pozuelo de Alarcón.

Madrid, ¡que bien resistes!

<<Mola ¡se te está enfriando el café en la Puerta del Sol!>>

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maquis1

Del poemario Mi guerra civil, de Jean Ortiz

 

Al final de la guerra salieron de sus madrigueras

ratas engreidas, ranas gritonas y cuervos españoles.

¡Vivan los héroes!, ¡Qué bien resistimos!

Los ex-recien combatientes se subieron jubilosos

al tren pomposo de la victoria.

Olían a naftalina altanera, sacada de los armarios.

A bombo y platillo los condecoraron.

¡Honor eterno a esos francesitos patrioteros

y a un puñado de españolitos muy pícaros!

 

Pronto se acabó el carnaval redentor;

de puntillas, los héroes humildes

regresaron invisibles a sus fábricas, a sus minas,

No hicieron comercio con la sangre vertida

ni usurparon méritos ajenos.

El olvido les olvidó, y la patria sangraba.

Algunos se fueron al infierno,

creyendo viajar al paraíso proletario

En Madrid, los verdugos dormían en sus camas

y nosotros luchábamos de cara al Pirineo

reconquistando a España en nuestras ficciones.

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LE PERTHUS - EN EL CAMPO DE ARGELES SUR MER

Del poemario Mi guerra civil, de Jean Ortiz.

 

Estamos de vuelta.

66 años después ; muy generosos y piadosos

nos van a regalar la nacionalidad española:

una limosna como reparación.

 Nosotros, hijos de los indeseables,

los bárbaros,

los siempre perseguidos,

les vamos a mestizar la <<raza>>

¡Ay qué risa! ¡66 años después!

la paciencia es una virtud revolucionaria

confesó un viejo barbudo ruso,

pero qué divertida es la impacienci,

le echó en cara un anarco mejicano.

 

Ya era tiempo, Carmen, Paco, Enrique,

Jesús, Cristóbal, Virgilio:

perdimos todas las guerras,

pero estamos ganado la batalla de la memoria.

Para nosotros, los franceses inventaron

el turismo de masa.

En Argeles, Barcares, Saint Cyprien y a veces Gurs,

nos bañábamos gratis, tres veces al día,

en campos que entonces llamaban de <<concentración>>

Las pequeñas Repúblicas irreales del exilio

peleaban entre si sus amarguras, sus rencores,

entre largo y lentísimo paréntesis…

El gobierno republicano de pandereta,

muy amanerado y cobardón,

en el exilio gobernaba la nada.

 

¡Cuidado, que estamos de vuelta!

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